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Durante muchos años, los estándares de instituciones como el Uptime Institute, TIA y BICSI han sido ampliamente utilizados en diseño, construcción y operación de DataCenters. Son sencillos y relativamente fáciles de utilizar, y su primer objetivo es facilitarnos una clasificación básica sobre datacenters. Cada uno de ellos tiene sus peculiaridades, pero básicamente marcan los requisitos para tener cuatro categorías de centros de proceso de datos. Estas cuatro categorías tienen pequeñas diferencias entre unos estándares u otros, pero podríamos hacer una descripción somera de ellas así:

  1. Básico y no redundante: el nivel más básico no tiene elementos redundados, por lo que en caso de fallo de un componente crítico se producirá una parada. (el responsable de explotación no pega ojo)
  2. Básico redundante: los componentes críticos están redundados. (el responsable de explotación necesita una dosis fuerte de pastillas para dormir).
  3. Mantenimiento concurrente: se puede hacer mantenimiento de cualquier componente sin necesidad de parar o degradar servicios. (el responsable de explotación baja la dosis de pastillas en invierno)
  4. Tolerante a fallos: el CPD es completamente tolerante a fallos. (el responsable de explotación duerme a pierna suelta)

Los estándares marcan unos requisitos de diseño y constructivos para encuadrarse en cada una de las categorías y, si se cumplen, como consecuencia se tendrá una tasa de disponibilidad conocida de antemano. Si las políticas de explotación se adecúan a las buenas prácticas, estadísticamente deben cumplirse las tasas de disponibilidad especificadas en la norma. Durante años, estos estándares han sido muy útiles.

Pero ¿y hoy en día? ¿Son suficientes? Claramente no, y en este artículo vamos a ver por qué. Estos estándares están diseñados para un paradigma en el que cada organización tenía su centro de proceso de datos y, si la organización se lo podía permitir, uno alternativo. Es decir, estas normas asumen que una organización tiene un centro de proceso de datos propio, en el que tiene toda su producción. Como es evidente, este datacenter es crítico, y debe estar diseñado de forma robusta. Si me lo puedo permitir hago un datacenter que resista una bomba atómica, y si soy más pobretón con una o dos UPS me vale.

La informática es crítica para una organización. Si la informática se para entonces la organización se colapsa, así que tiene que funcionar sí o sí. Por eso, durante muchos años, por favor, me ponga usté un host mu caro o lo mejor que haiga y no repare en gastos. Los sistemas eran carísimos y el software tanto como el sistema o más: el coste de los mainframes y sus licencias convertían en irrisorio el coste de la electricidad, las UPS’s, las enfriadoras y demás martingalas necesarias.

Pero claro, para que funcione el host y su software, el router y todas esas puñetas hacen falta cosas básicas: electricidad y frío. Para esto las soluciones han permanecido invariables durante muchos años: en la electricidad un suministro de luz (o dos para los ricos) contratado a una compañía eléctrica. Por si falla el suministro, uno o más sistemas de alimentación ininterrumpida. Y para cuando se agoten las baterías, uno o varios generadores diesel. En el lado del frío, cacharros que generaban frío a base de compresores, se enfriaba el aire y ese aire frío se echa debajo del falso suelo. Por si las moscas, se ponen más cacharros de frío de los necesarios. Por cierto, que el viejo sistema de refrigeración por impulsión por falso suelo es un ejemplo del despilfarro energético que ha caracterizado al mundo del datacenter, porque hacerlo así es como encender el aire acondicionado del dormitorio para refrigerar el salón.

Por eso los estándares que hemos mencionado hablan explícitamente de este tipo de infraestructuras. Pero hoy en día las cosas son diferentes por muchos motivos. Uno de ellos es que tenemos un abanico de soluciones mucho mayor, y el otro es que desde hace tiempo el precio del kWh sube más que las angulas en navidad. Así que uno de los parámetros que hay que tener en cuenta en las tres fases del datacenter que hemos detallado al principio, esto es, el diseño, construcción y explotación, es el de la eficiencia, y el problema es que los estándares mencionados no contemplan para nada la Eficiencia (escrito así, con mayúsculas, como debe ser).

Para suplir esta carencia The Green Grid ha propuesto el Open Standard for DataCenter Availability (OSDA). Tal como el propio TGG indica, uno de los objetivos al proponer el OSDA es fomentar la innovación, teniendo como metas la sostenibilidad y la Eficiencia Energética. En esta serie de artículos veremos los principios básicos del OSDA y cómo utilizarlo. Y ya sabéis, si tenéis dudas o queréis averiguar el estado real de vuestro datacenter, contactad conmigo.