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En muchas ocasiones, al acercarnos a alguna materia, damos por sentados los conceptos básicos. No nos atrevemos a preguntar, los intuimos y resulta que la base de todo no la tenemos clara. Es evidente que no se puede levantar un pilar resistente sin una zapata sólida. Esto pasa con cualquier área de conocimiento, y las TIC no son ajenas a este fenómeno. Es más, por lo que he podido comprobar en mis muchos años dedicados a esto, es algo que se da con mucha frecuencia. Sobre todo cuando se introducen conceptos o tecnologías novedosas: se ponen de moda y para no quedar como pardillos actuamos como si los conociéramos de toda la vida aunque no tengamos claro de qué van. Un ejemplo de esto es el consabido PUE, que como ya hemos explicado en artículos anteriores, hemos oído a mucha gente hablar de PUE sin un conocimiento preciso de qué es.

Pero algunos habéis vencido estas reticencias, y me habéis pedido que amplíe el último artículo y aclare los conceptos básicos sobre disponibilidad. Así que en ello estamos, en explicar con un poco más de rigor esos conceptos básicos.

Así que vamos a hablar de disponibilidad en dos ejes: el de ¿disponibilidad de qué? y el de ¿disponibilidad de qué tipo?.  Así que en este artículo vamos a hablar del ¿Disponibilidad, de qué?, y para ello vamos a intentar definir disponibilidad. Recordad que en el artículo anterior vimos que ante la pregunta de qué es, mucha gente contesta ¡qué pregunta más tonta! Disponibilidad es… disponibilidad!. Bueno, pues según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, en su primera acepción, disponibilidad es cualidad o condición de disponible. Aplicado a las TIC, vamos a dar una definición formal de disponibilidad:

Disponibilidad es el porcentaje del tiempo en el que un recurso está disponible.

Pero como lo que hace un datacenter y un servicio TIC, es precisamente eso, prestar un servicio, hay que hablar de disponibilidad en tres momentos diferentes:

  1. El primero de ellos es del de la determinación del acuerdo de nivel de servicio (SLA) del datacenter o del servicio IT en cuestión. Quienes prestan servicios para terceros o tienen una ISO 20000 en vigor esto lo deberían tener claro, pero hay datacenters medianos que prestan servicio a una única organización que no tienen un SLA bien definido con su propietario. Da igual que sea un ayuntamiento, una universidad, una mediana empresa o quien seas: si eres un datacenter o si prestas servicios IT, aunque sólo sea a tu organización, tienes que tener obligatoriamente un SLA. Este SLA es la disponibilidad del servicio que prestas: así que esta es la primera fase en la que hay que hablar de disponibilidad: la del compromiso de calidad de servicio. Por ejemplo, te voy a prestar el servicio X y va a estar disponible el 99% del tiempo. Es decir, es el requisito de disponibilidad.
  2. La siguiente fase es obvia: si me he comprometido a una determinada disponibilidad tendré que diseñar mis infraestructuras y sistemas para poder cumplir eso. Para no dar palos de ciego en este reto, existen ayudas para ello. Por ejemplo, la norma TIA-942 establece cuatro niveles de requisitos técnicos, y lo que dice es “si cumples el nivel de requisitos X tu disponibilidad será del Y%”. Obviamente esto es una distribución estadística. La probabilidad de que tú tengas un póker y tu rival tenga una escalera real es muy baja, pero puede suceder. Si se cumplen los estándares del nivel 4 de la TIA-942 se supone que se conseguirá una disponibilidad del 99.995%, pero la realidad puede ser diferente. En cualquier caso, la norma TIA-942 y similares son un buen punto de partida para diseñar unas infraestructuras capaces de cumplir con el requisito de disponibilidad. Es decir, esta etapa es la del diseño, la de la especificación de disponibilidad.
  3. Por último, toca demostrar que gracias que la especificación ha sido la correcta, estamos cumpliendo con el requisito. Es decir, toca comprobar en tiempo real la disponibilidad y guardar los resultados históricos para poder utilizarlos cada vez que haga falta. Esto debe hacerse de forma que no permita controversia. Es más, puede suceder que mi cuello dependa de ello (o pleitos millonarios, y si se pierden mi cuello también peligra). Es la tercera fase: la de medir la disponibilidad.

En resumen, ya sabemos que tenemos que hablar de disponibilidad en tres momentos: en de establecer los requisitos del servicio, el de especificar las infraestructuras y el de medir el resultado de explotación.

Pero ¿es esto suficiente? ¡No! Quedan dos cosas: definir con precisión qué es un recurso y definir con precisión qué significa disponible. Esto lo haremos en los próximos artículos, en el que además de de hablar de esto os introduciré algún concepto innovador que llevo tiempo utilizando. Mientras tanto, ya sabéis: si tenéis dudas o queréis implementar algún sistema de control, contactad conmigo.